miércoles, mayo 23, 2007

Carta a un psiquiatra. Motivo: alucinaciones!

Estimados amigos:

Esta es una carta de respuesta a uno de varios psiquiatras que ha tenido la gran gentileza de abordar el tema de las alucinaciones y los modos de encontrar posibles criterios para separar casos de personas que alucinan (halucinan) y cuya respuesta se deba a causas psicofisiológicas propias del paciente (sea esquizofrénico o no) a diferencia de una persona que vive experiencias paranormales o espirituales u OVNI o las que sea y cuyo comportamiento y caso en sí pueda ser potencialmente similar al de una persona que sufre un trastorno propio de alguna variante de esquizofrenia.

Los comentarios son todos muy bienvenidos, y de hecho muy necesarios!
Muchas gracias
Michel

Estimado amigo psiquiatra:

Es un gusto nuevamente poder leer su email porque en el fondo Ud. está mencionando exactamente el fondo mismo del asunto y en el que yo me imagino que algunos casos pueden ser perfectamente debido a trastornos de la percepción o de la cognición, pero me queda claro que no todos se deben a esa explicación! Además, es muy importante considerar que puede ser que alguien externo pueda percibir algo de lo relacionado a los relatos del halucinador estando o no estando este presente. El otro día me comentaban por ejemplo de un paciente que estaba siendo atendido en la terapia por una psicóloga conocida nuestra y que este le comentaba siempre de la presencia de un ángel o algo por el estilo. Un día ocurrió que al parecer la psicóloga miraba al paciente y vio exactamente lo que nosotros por lo general describiríamos por un “ángel” en nuestra cultura occidental (cristianizada) pero lo extraño es que percibió características similares a las anteriormente narradas por el paciente. Uno podría argumentar que aquí ocurrió un caso de halucinación colectiva inconsciente, pero no me queda claro si la psicóloga en esos momentos estaba o no de algún modo pensando en las características de las halucinacione del paciente o si este le volvió a narrar en ese momento esos sucesos o la importancia para este de esta entidad especial.

Pero yo voy a un punto más complejo aún: si yo fuera esa psicóloga por ejemplo, y hubiera visto a esa entidad y me quedara claro que luego de una profunda autocrítica doy por real lo percibido, es decir, si era una entidad similar a lo narrado por el paciente (lo que incluso no significa que tenga que ser la misma entidad sino que incluso aún otra entidad (otro ángel)). Ud. speraría que los demás le creyesen a este paciente sólo porque una psicóloga lo vió? Más aún, el paciente puede efectivamente seguir teniendo comportamientos inapropiados que son característicos de una esquizofrenia, por ejemplo, pero que efectivamente parte de su experiencia sea real. Cómo podemos separar las cosas sin tener que meter todo a una misma bolsa?

Qué pasa con esas personas que si vieron cosas extrañas reales pero que no han podido tener ningún otro testigo que corrobore lo percibido? Qué oportunidad tienen ellos de no ser catalogados como “medianamente trastornados”! El punto es que aquí en parte se le está pidiendo al testigo que demuestre lo que vio siendo que no está en él poder demostrarlo por mucho que nosotros supongamos que al estar presentes en el mismo momento y lugar en que el paciente dice estar percibiendo voces!

Creo que si Ud. como psiquiatra y yo (en parte defendiendo de alguna manera estos aspectos parapsicológicos) estamos discutiendo esta materia es porque en realidad parte de estos intereses son problemas que requieren un poco más de atención por parte de la psicopatología porque de ese modo será posible ir dirimiendo la calidad del caso y ver si se es competente en una posible atención de la persona o si en parte se le puede ayudar y en parte derivarla a otra persona. Ud. cree que un psiquiatra convencional le va a decir a una persona que lo visita por un caso de posible halucinación “doctor, pero Ud. cree que lo que yo escucho puede ser efectivamente algo externo?” o “Ud. conoce a un parapsicólogo a quién recurrir en estos casos?”. Obviamente creo que por ciertas normas éticas y convenios y protocolos dificilmente un facultativo de la psiquiatría (a no ser por algunos casos excepcionales) estaría dispuesto a hacer ese tipo de proposiciones, a no ser que me yo esté equivocado y Ud. conozca vario psiquiatras que creen que puede haber algo de cierto aún incluso en casos que también presenten ciertos trastornos evidentes!

Por eso es que yo trato de ir rescatando posibles significados clínicos de los casos que parecen un trastorno por origen psicofisiológico de aquellos que no lo son. Yo por ejemplo no me siento en la capacidad de poder ayudar a un esquizofrénico real, pero quizás si a un testigo de lo paranormal, pero quizás hayan cosas en las que yo pueda ayudar y otras en las que le sugeriría ir al psiquiatra o al psicólogo pero si esta contraparte no acepta de ningún modo la posibilidad de que haya algo de real en lo paranormal, derivarlo a estos especialistas sería contraproducente. Por ello abogo a que se desarrolle cierta línea de comunicación para este tipo de situaciones. Al final se aprende entre todos y la idea es que el paciente o el testigo reciba la mejor información posible pero me queda claro que si este percibe algo que el queda claro que es real por mucho que su interpretación sea perturbadora y que le genere problemas en la sociedad (no siempre pero quizás en algunas circunstancias importantes) este terminará enfermando más si es que se topa con gente que está en la creencia firme de que todo lo que percibe no es real sino solo producto de una halucinación con gran realismo siendo que quizás no sea tan así. Es posible incluso que las mismas comentadas diferencias anatómicas y funcionales de los esquizofrénicos les permitan percibir cosas de una manera aberrada pero no por ello falsas o irreales, pero de todas maneras quizás muy importantes si se les sabe sacar un buen provecho y poder así expandir un poco nuestras actuales limitaciones en cuanto a lo que concebimos por realidad.

Por ello mismo, sería muy cuidadoso en indicar que una persona de estas características (que cree firmemente que algo de lo percibido sí es real (más allá de lo ilógico o imposible que parezca) necesite un tratamiento que lo oriente a reinterpretar sus experiencias desde una explicación u origen que no lo son: con eso no solo estaríamos engañando sin querer al paciente, sino que de paso nos estaremos engañando nosotros de manera sistemática y progresiva.

Se que hablar todo esto desde una perspectiva que desconoce el día a día de los psiquiatras puede parecer ridículo pero lo propongo porque desde nuestra realidad las cosas definitivamente se ven algo distintas en esos casos especiales. Más aún, si fuese perturbador el contenido de la halucinación (que de cierto tecnicamente lo puede ser pero que quizás algunas personas las han tomado como una realidad e incluso un acto de fé (como es el caso de algunas creencias religiosas)) deberíamos dar por halucinadores a cuántos personajes que han mencionado vivencias místicas!

Si en parte aceptamos que hay un “más allá” que no sabemos muy bien cómo funciona (algunos al menos) por ello mismo menos podemos negar el hecho de que quizás ese “más allá” y sus personajes relacionados también podrían estar “más acá” para ciertas personas, justamente aquellas cuyas experiencias halucinatorias no lo sean como tal sino efectivamente reales o incluso mixtas.

Ahora, todo esto que le comento es en parte lo que yo rescato de declaraciones típicas que uno suele escuchar a profesionales de las áreas de la psiquiatría y de la psicología (entre varias otras). El punto es que al leer sus comentarios descubro justamente esa sinceridad suya en cuanto a que es “evidente que a algunas personas les pasan cosas raras o extrañas (que nosotros solemos considerar alucinaciones), pero que no generan malestar ni sufrimiento.” En ese sentido no tengo problema en que le llamen alucinaciones o no, pero qué pasa si efectivamente generan malestar o sufrimiento? Por ejemplo, qué pasa si una persona efectivamente está siendo afligida por alguna cosa o energía que tiene la capacidad de generar miedo sin siquiera tocarle al paciente sino con sólo verlo y advertir que esta inteligencia no tiene una buena intencionalidad o que incluso sea explícita en querer hacerle daño?

Obviamente a nosotros como personas “sanas” este tipo de cosas no nos afligen porque primero no tenemos la capacidad efectiva de percatarnos de la presencia de otras manifestaciones anómalas. Puede que algunos esquizofrénicos o alucinadores tengan un don y que este don les traiga beneficios y así también contras. Pero dado que esta realidad nos es extraña y a veces casi imposible y dado que estamos en una época en la que se espera un comportamiento “racional” (si es que así podemos llamar a una cierta moda) de cada uno de nosotros algunos que escuchan estas cosas prefieren rapidamente buscar una argumentación especialmente basada en cosas concretas y tangibles y lo demás no cuenta pero eso es una actitud que se adopta a veces mientras que en otras se recurre a una contraactitud. Conozco a muchas personas que de día se comportan correctamente de una manera “cientifica” pero de noche uno no los reconoce. Obviamente no se le puede pedir a alguien que actúe de la misma manera siempre pero no se le puede exigir a los demás esa racionalidad si uno sólo la emplea en algunas cosas y en las otras las obvía. Allí hay una falta de coherencia en nuestra sociedad, y esta es la que me parece más peligrosa para muchas de las personas que viven este tipo de experiencias inusuales y que han tenido la inocencia de comentarlas en una sociedad que se supone es de criterio abierto. Pero luego de la narración de los hechos solo bastan unos minutos para que alguien le diga al testigo o al alucinador que mejor se calle porque los demás lo están dando por “trastornado” y que así perderá la estima y el respeto de los demás y de paso le será dificil ser integrado en la sociedad.

Creo que aquí está el gran problema que debemos saber afrontar, nuestras propios prejuicios e ingnorancias y limitaciones cognitivas y perceptivas, sino puede ser que alguna vez tengamos realmente un caso genuino de testigos de la manifestación de inteligencias desconocidas y que toda la significancia de estas experiencias simplemente se pierda por nuestra estrechez de mente social o por tratar de que la sociedad vea que cumplimos ciertos protocolos aunque en algunos casos esos protocolos esté en contra de una mínima y sana actitud científica! Hay un dicho en ovnilogía que dice “cielos abiertos, mentes cerradas”.

Siguiendo esta línea, creo que la sociedad ha preferido aceptar la existencia o el culto a la existencia de ciertos seres desconocidos, pero todo a través de organismos eclesiásticos o incluso a través de ramas tales como la filosofía, pero aún siendo que algunas investigaciones parapsicológicas sean mucho más concretas y científicas que varias creencias sociales, se condiciona su validez sólo porque la sociedad y algunos clubes que definen lo que es la realidad y lo que no es real, han decidido que aquello “no merece mayor importancia”. Al final aquí yo veo que el gran problema de fondo con esta actitud social es que algunos testigos genuinos de manifestaciones inteligentes desconocidas realmente terminarán enfermando no porque su experiencia sea una enfermedad sino porque la sociedad en la que vive está enferma de desconocimiento y de actitudes correctas en cuanto a respetar las experiencias de los demás.

Incluso lo que Ud. comenta en cuanto a que tiene sentido intervenir clinicamente “cuando dichos fenómenos generan sufrimiento o malestar... cuando el contenido de las alucinaciones, generalmente auditivas en las psicosis funcionales, es muy perturbador. “ podría ser un mal menor o incluso una ayuda temporal. Lo digo porque quizás al decirle al paciente que sus halucinaciones no son reales y en caso que este sea dócil y lo acepte o que en realidad el paciente no esté tan claro qué tan real fue su experiencia (aunque esta hubiese sido efectivamente tal) es posible que al considerarla una irrealidad pueda asumir una actitud hacia la vida distinta pues no se cuestionará el hecho mismo en la medida que lo considere irreal pero el problema se tornará grave si es que esa irrealidad se hace cada vez más real a través de algunos episodios en los que el paciente mal diagnosticado no pueda confrontar la intensidad y cercanía de su irrealidad y ya no se halle en capacidades de poder controlarse a si mismo quedando como un sujeto dependiente de los demás! Para mí el tema es muy delicado, tiene connotaciones éticas muy profundas. Por ello es que me he dedicado a responderle en extensión con al esperanza de poder ir rescatando patrones para poder ir viendo si existe efectivamente modos de distinguir diferencias sutiles en casos que hemos clasificado como similares siendo que hasta cierto punto lo pueden ser. Quizás es un desafío para los psiquiatras y no tanto para los parapsicólogos o estudiosos de la parapsicología. Esto últimos no pueden tratar con los pacientes porque no es de su atingencia, pero puede que un buen parapsicólogo sepa escuchar adecuadamente a un alucinador o a un esquizofrénico y darle ciertas indicaciones que sean mucho más esperanzadoras para estos. Incluso algunos parapsicólogos le dirán que lo que ve lo ve y que lo perturbador de la experiencia seguirá siéndolo y que es mejor ir tomando actitudes y modos de confrontarse a esa realidad para salir adelante de la manera más sana posible y siempre sin perder el control de la experiencia, y en especial estando claros que la experiencia es real pero que los demás integrantes de la sociedad no lo comprenderán bien y que por ello hay que ser más cuidadosos en el modo de tratar los propios casos.

Ahora bien quisiera hacerle una consulta adicional quizás en especial en cuanto a bibliografía para ir entendiendo un poco más todo aquello que me comenta en relación a “que las alucinaciones auditivas son lenguaje interno“ y que serían “pensamientos que la persona tiene y que no reconoce como propios y los atribuye a una fuente externa, llegando a la convicción de que son voces que vienen del exterior“. Lo consulto porque necesito descubrir cómo es que se fundamenta todo esta conclusión? El hecho de que no podamos ponernos exactamente en el lugar del otro por mucho que nosotros también tengamos una naturaleza similar al sujeto estudiado, nos puede invitar a descubrir que cada persona percibe distinto aunque la fisiología implicada pareciera ser similar. Quizás perciben más de algo o quizás su percepción tenga trazas en común con la mayoría de los normales pero que además les falte algo o tengan algo extra cuyo factor sea clave para tener una cosmogonía y una claridad en la percepción de lo que lo rodea. Esto que le digo parece un comentario bastante teórico y filosófico pero para mí es importante a la hora de creer que todos los sujetos estando bajo cierzas condiciones deberían comportarse por lo general dentro de un grupo de maneras y no dentro de otros. Por ello quizás me pueda recomendar una lectura específica para este punto? Se lo agradecería mucho!

Me pregunto qué posibilidad hay que esos tenues movimientos musculares fonatorios medidos con un miómetro significantes medidos mientras la persona alucina no sean un indicador de que el sujeto esté intentando reconocer si la voz es externa o interna o que dada la calidad desconocida de la experiencia para el cuerpo del testigo, los sentidos del cuerpo y el cuerpo mismo reaccionen de ese modo no porque esté escuchando algo únicamente interno en su cerebro sino porque está en un estado alterado de percepción y de consciencia en el que trata de ubicar al emisor una vez que sabe que los escucha o que la locución es real, sea interna o externa. Quizás el problema vaya aún más allá del hecho mismo de que esta emisión de mensajes sea interna o no, sino al hecho de que alguien le habla pudiendo incluso ser por vías denominadas “telepáticas”, vale decir, sin necesidad de generar un fenómeno auditivo fuera del cerebro y del oído y sus receptores sino directamente a un centro de comunicación en el cerebro humano.

Extraoficialmente hablando, si estamos de acuerdo que puede haber algo de cierto en la existencia de otros seres que no necesariamente se limitan a los modos de manifestación y comunicación nuestros, no deberíamos de olvidar los casos de experiencias con ángeles o demonios o fantasmas o lo que sea que se quiera mencionar dentro el amplio mundo de seres desconocidos, ya que en ella hay una recurrencia en experiencias de comunicación basadas en telepatía. Porqué una persona que escucha sus voces internas no podría escuchar otras voces dentro de si mismo pero reconocerlas como ajenas y decir “escucho voces ajenas”? Cuando dice “escucho” no está necesariamente indicando que la información le llegue por el oído sino que experimenta la percepción de escuchar lo que va más allá del organo a través de la cual pasa la comunicación.

Un ejemplo más claro está en el dicho “uno puede hablarle a DIOS y eso es oración, pero si DIOS le habla a uno eso es esquizofrenia”. El punto que uno puede rescatar de este dicho es que se acepta que uno le ore a DIOS en voz alta o de manera silenciosa con el pensamiento, pero si se escucha una voz y uno la reconoce como la persona de DIOS, entonces se está enfermo. Yo entiendo que pueden haber muchas enfermedades y trastornos del comportamiento, pero dudar de todo como si sólo fuese posible aquellos que nos es tradicionalmente cierto o que se puede replicar en laboratorio vía método científico, no conduce necesariamente a una ciencia basada en la verdad ni incluso en la realidad sino que simplemente en prejuicios. Entonces habría que comenzar a dudar de todos los supuestos santos o seres importantes en cad religión o creencia religiosa en las que hubo comunicación con seres “superiores” sean estas de manera directa por voz audible o por voz interna, o incluso en sueños!

De hecho no entiendo qué tiene de malo que una persona escuche voces internas y obviamente el asunto se complica cuando el contenido es perturbador pero creo que aún no tenemos argumentos reales para dudar de la validez de lo que nos dicen. El que esas voces le digan a uno cosas relacionadas a “las preocupaciones y la vida de la propia persona” no indica aún que las voces sean procedentes de el mismo porque si damos por cierto el hecho de que seres llamados ángeles (mensajeros) se presenten es para comunicar cosas a las personas incluso para hablarles y guiarles como se conoce dentro de los actos de fé dentro de algunas iglesias particularmente cristianas. Porqué un ángel no habría de hablarle a una persona y que esta de pronto se sienta intimidada con el comentario hecho por estos seres y reaccione de una manera inadecuada para si mismo, pero trastornada y sospechosa para la sociedad circundante que lo ve reaccionar de esa manera?

Del mismo modo es posible argumentar que si damos por cierto la existencia de “angeles” podemos darla del mismo modo de otros seres que no siempre sean benignos y que por ello “atormenten” a sus oyentes (el alucinador) con culpas y pecados y que por ello usen como argumento “las preocupaciones y la vida de la propia persona”. Eso significaría que estos seres tienen entre sus capacidades la de comunicarse telepáticamente e incluso poder leer la mente del testigo o víctima y por ello que el testigo se sienta incomodado y presionado y confuso con lo que pasa dentro de su cabeza, incluso con la posibilidad de volverse loco por el solo hecho de comprobar que por mucho que quiera esas voces no se van y que eso en parte es un síntoma de una posible capacidad extraordinaria de estos seres ante la cual el testigo no es capaz de hacer nada, incluso no tener la privacidad mental mínima para poder planear algo de modo de solucionar este problema o incluso de preguntarse quiénes son esas voces y quién es quién y qué quieren de él. Creo que el tema es un poco más complejo de lo que uno podría suponer en caso que de por hecho de que es posible que estos seres mitológicos sí existan e incluso sí se presenten en algunas ocasiones a ciertas personas y que son esas instancias las que los testigos relatan.

Me pregunto de qué nos sirve tratar con medicamentos o terapias a estas personas si en el fondo no vamos al origen mismo del asunto y más allá de no poder controlarlo por ser de una naturaleza que está fuera de nuestro conocimiento, al menos seguir la terapia desde esa instancia y no desde la suposición de que el paciente esta meramente alucinando?

Por ello mismo le pregunto, qué es lo que yo como una persona desconocedora de la psiquiatría de todos los días desconozco respecto a estos casos de alucinadores y sus alucinaciones que a Uds. si les permiten concluir plenamente que están frente a una enfermedad y no frente a una mera casualidad fenomenológica?

Si uno revisa un poco las experiencias mitológicas, o paranormales, o religiosas espirituales, o trances, o mediumnidades, o incluso episodios telepáticos en encuentros con seres relacionados a la presencia de OVNIs, verá que el tema de la telepatía o de las voces internas no es nada nuevo sino que tiene un largo historial de siglos.

Creo que no es un hecho menor que algunos alucinadores se sientan cada vez más incapaces y progresivamente trastornados e impotentes cuando descubren (asimilan) que otros seres pueden entrar a leer su mente y no poder encontrar el modo de generar un cierre o defensa. De hecho se supone que teológicamente DIOS permitiría este tipo de experiencias para recordarle a la gente, o al menos a los más interesados como lo son ciertos especialistas en temas religiosos (por ejemplo los exorcistas) la existencia de estos “diablos o demonios” aunque desde una realidad algo distinta a la promocionada y pretendida en la TV o en libros. Si esos casos son considerados como meros eventos psiquiátricos aún no clasificados, podemos estar seguros que algunos psiquiatras no llegarán a conocer esta realidad y de paso no serán buenos terapeutas porque parten de una clasificación inadecuada. No se si me explico?

Volviendo ahora a aquella gente que escucha voces internas, cosa que me parece algo muy natural en algunos casos como por ejemplo el de los actores que necesitan representar personajes, o comerciantes que tratan de preparar sus argumentos para vender sus productos a clientes, o estudiantes que tienen que preparar un examen oral, creo que de pronto este asunto es mucho más recurrente de lo normal solo que no son preocupaciones porque se supone que las personas que practican discursos internos lo hacen a sabiendas de quien es quien en su mente, pero me pregunto si esto no es un signo de que “el escuchar voces” a veces es algo normal aunque autoinducido? Qué pasa cuando la persona pierde el poder de identificar sus propias voces y ya estas comienzan a tener ciertas independencias?

Le he planteado esta discusión sólo en relación a aquellos casos de personas que escuchan voces, pero me imagino que otras personas incluso tienen la capacidad de ver a estos interlocutores inexistentes. Acaso es tan fácil llegar y decirles que lo que ven y lo que escuchan de estos seres vistos, es sólo una ilusión o una idea delirante o una alucinación? Es tan fácil llegar y plantear esta explicación? En este caso las condiciones cambian porque estas personas ya no solo tienen la seguridad de que las voces que escuchan ya no son producto de su imaginación sino que además ven a personas especiales los cuales aún sin mover la boca de manera explícita (locución) serán lógicamente atribuídos por el testigo como las fuentes de emisión de esas voces. Y cómo cambia este cuadro si además esas voces no solo se escuchan afuera del oído sino también de manera telepática?

Perdone mi ignorancia pero creo que el tema es un poco más complejo para que pueda suponer que las alucinaciones sean eso, alucinaciones! Puede que en realidad eso que para algunos sean alucinaciones en realidad no sean más que experiencias concretas aunque especiales, y el hecho de que los demás no puedan verlas por alguna razón extraña (por ejemplo, por no tener esas capacidades o ese cerebro distinto que percibe distinto o que estas entidades determinan quien los escucha y quien no) puede ser que incluso tengamos un argumento técnico para decir que los demás “no testigos” viven una falta de percepción y que por ellos están viviendo un trastorno de la percepción. Cómo se denomina la instancia en donde uno “no advertir algo que está presente”? Obviamente si no advierte la presencia de algo no se enterará de su existencia en ese lugar y menos generará un seguimiento o atención a ese “algo”.

Sacándonos las ideas mitológicas que se tienen de la labor de los psiquiatras, yo entiendo que para Uds. no sea tan fácil desechar la existencia de dichas experiencias y que tampoco pretenden eliminarlas, pero creo que el punto de fondo que yo discuto es el fundamento por el cual se propone a los pacientes que enjuicien adecuadamente algo desde una perspectiva que quizás no sea la real y verdadera. No digo que todos los casos estén diagnosticados de manera inadecuada, pero creo ver que en algunos casos (desconozco la proporción) el asunto va por otro lado en cuanto a explicación y naturaleza no obstante la presencia de condiciones psicofisiológicas especiales (como la de algunos esquizofrénicos) y de comportamientos pseudo-trastornados.

Eso incide directamente en el modo que el “testigo o paciente” sepa dirimir porqué se producen estos hechos y qué significado tienen. Yo no estoy tan seguro que en algunos casos sea tan fácil y directo ni aconsejable llegar y tratar de evitar la creencia inicial de que la experiencia proviene de un estímulo externo fuera de la propia mente.

De paso quisiera decir que me parece muy entendible que Uds. sugieran a las personas que “alucinan” preguntarse si esa experiencia es efectivamente verdad (como mínima autocrítica), y comentarles que según vuestras experiencias las experiencias alucinatorias tendrían una gran influencia en la conducta y emociones del afectado por las alucinaciones, pero de allí a plantear que con ello estemos llegando a diluscidar la naturaleza de lo que el afectado percibe y sugerirle que cambie su opinión respecto a lo que está "percibiendo" puede incluso ser un contrasentido y a veces incluso mostrar que la persona que está afectada no necesita ayuda sino que en principio el mismo médico tratante debería preguntarse bajo qué razones cree tener el derecho a dudar de las experiencias ajenas por mucho que los contenidos sean raros y perturbadores, o los mismos comportamientos producidos por esta experiencia (u episodio de supuesto) así como la supuesta imposibilidad e irrealidad e incoherencia de estas experiencias. Es como decir de principio “yo se que esto proviene todo del cerebro y creo estar en la razón” y partir ya desde el principio considerando que lo más factible para una explicación a un caso de presunta alucinación sea eso. En parte lo veo como desvalorar el hecho de que los demás también saben percibir y discriminar aquello que ven o no! Lo dejo como pregunta abierta!

Yo entiendo que como bien Ud. me plantea, Uds. no entrarían en la existencia o no de fenómenos paranormales pero quizás indirectamente lo estarían haciendo pero en parte negándola o desvalorando, sin malas intenciones por supuesto, pero de paso están relacionándose con alguien que pudo o puede o podrá nuevamente estar vinculado con este tipo de experiencias. La idea es que al menos de pronto sea posible rescatar más a través de alguna suerte de “osmosis” por llamarlo de cierta forma!

Le agradezco mucho que tenga la gentileza y honradez de comentarme que algunos de Uds. saben que en algunos pocos casos habrían personas testigos de “episodios inusuales desconocidos” y que en estos testigos existen rasgos o características que se aproximarían mucho a los trastornos psicóticos. A ese punto justamente quiero ir, al hecho de las similitudes, simultaneidades y quizás incluso “casualidades”. Yo personalmente le comento que conoczo algunos casos en donde efectivamente habrían ocurrido ciertos episodios extraños cuyos testigos han quedado con secuelas que progresivamente se van haciendo más evidentes y que en varias ocasiones mantendrían un nivel de sufrimiento alto y una incomodidad manifiesta ante el hecho mismo de haber vivido estas experiencias, de saber que se pueden volver a presentar y que de cierta manera deberán estar al menos por un tiempo inicial preparados para encuentros casuales improvistos y muy cercanos con todo lo desagradable que eso significa. Imagínese que Ud. vive ese tipo de experiencias por un lapso más prolongado y que de pronto le ocurren los sucesos de noche mientras Ud. está durmiendo y su cuerpo descansando y preparándose para una nueva jornada. Imagínese que se manifiesta alguna inteligencia o fenómeno inteligente que genera ciertas tocaciones o interacciones que el testigo percibe y que producto de ellos reaccione con taquicardias, miedo y con la imposibilidad de volver a dormir. Imagínaese que esto le vuelva a pasar nuevamente la noche siguiente, y que por ello el testigo comienze a desarrollar problemas de sueño y sus consabidos trastornos y que durante el día ya no esté descansado sino cansado. Con el tiempo es predecible que la persona quedará con cierto trauma o shock, y de paso se enfermará si es que no da a conocer su caso a sus personas de confianza. Imagínese ahora que este testigo se le acerca a Ud. y le cuenta todo este asunto y Uds. le plantean que lo vivido puede ser muy probablemente algo interno en el cerebro. Acaso este testigo no enfermará más si descubre que incluso no puede ni pedir ayuda médica porque en un principio ya se le está diagnosticando según una suposición o explicación de causa que no se relaciona con la naturaleza percibida por el testigo? Imagínese cuánta gente no recurre al médico psiquiatra, o a un psicólogo o incluso a sus amigos cercanos o familiares y que deben vivir con este secreto interno? Acaso no terminará enfermándose realmente con el tiempo?

Por ello y a modo de resumen, creo que en algunos casos no es tan fácil llegar y plantear un criterio pragmático de decisión para dirimir una posible alucinación según la suposición de que “si una persona escucha algo que objetivamente no existe (es decir, que no escuchan otros) probablemente es una alucinación.”. No digo que esta no sea la causa en una gran cantidad de casos, pero me queda claro que es necesario plantear públicamente otras alternativas de criterio y de paso de tratamiento.

Muchísimas gracias por su atenta lectura.
Espero poder aprender mucho de sus cartas!
Atte.
Michel Jordan
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